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09 febrero, 2024

Nubes de estorninos...

 Nubes de estorninos

negros y sonámbulos

oscurecen la tarde

de los últimos poemas,

formas primitivas que defecan

por salmantinos parques y avenidas

disfrazando el azufre de la noche.

Ahora, es verdad, huele

a palabras excrementicias como

las primeras que Adán gritó

al sentir el sabor impuro

de aquella manzana. Pero

cuando amanezca todos

se precipitarán hacia

los semáforos abiertos

y tú tendrás emociones

paradójicas y desacordes:

dedicarte a limpiar las heces insolentes

o agitando los últimos versos

buscar nuevas palabras

en el diccionario e irte con ellos

hacia una pradera desnuda

llena de manjares líquidos

que los sueños nunca alcanzaron.

06 febrero, 2024

Me vuelvo una y otra vez...

 Me vuelvo una

y otra vez

y en el rastro

de las encrucijadas

en las que me detuve

no hay indecisiones.

Apenas asechanzas

absolutas y revolucionarias

que desconocían mi calle.

Tú ibas a caballo

y yo solo

quería anticipar

las multitudes

de puño indignado.

Aún hoy aprieto

involuntariamente

los dedos como

si sujetara aquel

cartucho de dinamita

alborotador y turbulento.

Pero los pájaros ignorantes

y adoquinados no se inmutan,

no temen que por mis ojos

corran vientos con la fuerza

tormentosa de los poemas

inspirados en el infierno.

No saben, no sospechan

que imaginando esos eriales

sube la temperatura

las nubes se desvanecen

y puedo aplastar infancias

y vejeces como si un juicio final.

05 febrero, 2024

Navegas sin temor...

 Navegas sin temor hacia

un atardecer con más perfumes

e invocas

todo lo que de ti

se perdió

el sol

la bruma

una mañana perezosa

una noche bohemia

aquellos lápices

con los que dibujabas

tampoco recuerdas qué.

Y en esta

paz de contradicciones

no necesitas más velas

para poner los pies

en una playa futura.

04 febrero, 2024

Escribo “cuchillo”...

 Escribo

“cuchillo”

y su filo inquieta

el primer y el último

verso como una línea

que divide

el poema

en dos

partes iguales

mitad vacío mitad

memoria guardada.

Con él hiero

mis seis años indiferentes

en aquel mítico Jardo

y nada es sangre

como si el ángel

de la guarda

en el que entonces

creía detuviera

el golpe.

                     Paso

entonces a la página

siguiente y las calles

resuenan como tambores.

Sé que ahora sí una

sílaba impía y hostil

podría romper todos

mis vasos sanguíneos

y no quiero

sucumbir

a la tentación.