Te quejas
Paloma
del aire
que te sostiene
en el vuelo diario
y del color matinal
de tu plumaje
y enferma de
soledad abres
los ojos de madrugada
con el cuerpo
pidiendo ternura.
No hay mensajes
bajo la almohada
sólo nombres
mutilados nombres
que perdiste
por el camino
nombres apenas
a los que robaron
la substancia.
Así surge de entre
las sábanas tu figura
desnuda para que yo
te contemple
y pidas susurrante
que ate tus alas y ate
este instante mientras
voy pronunciando
tu nombre en este final
del poema a ras de suelo
cada vez más repleto
de tu esencia
arrullado y dulce
como una niña
nuevamente adormecida.
Salamanca
16/11/2015
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