Es cuando la noche
a veces es tentación
y tu espalda blanca e indefensa
se acurruca deseando
volver al fondo de su madre
yo vigilo tu cuerpo
en silencio.
Bastaría
una sola palabra,
una hoja de encina que
te rozara la mejilla
pra despertarte de tu inocencia
y alimentarte los ojos matutinos
de mi carne y arterias
y estos huesos descalzos.
En esa consumación
tu te entiendes con mis manos
y mis versos hablan por tu boca.
sábado 4 de septiembre de 2010
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