
El horizonte ponía barcos
en nuestros desayunos sobre el Bósforo
mientras las gaviotas mendigaban
un poco de yogurt con miel y frutos secos.
Así comenzaban aquellos días
sin necesidad de buscar el mar
tras este tímido ojo de buey.
¡Desde aquí nada huele igual!
Intento cruzar el puente pero no
recuerdo si del otro lado
está la torre o el mercado
de las especias.
El tiempo
me ha varado en el centro
esperando que un ferry compasivo
devuelva a mis recuerdos
el cuerno de la abundancia.
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